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Piso de arado

Piso de arado

Se conoce con el nombre de piso de arado a la dureza que se forma en el suelo unos centímetros por debajo de la superficie. Ella suele formarse por el laboreo del suelo, en forma reiterada, con la misma herramienta. Dependiendo de qué tipo de herramienta se trate es la profundidad en la que se ubicará la capa dura del suelo.

Se denomina Piso de Arado porque se daba en aquellos lotes que se trabajaban permanentemente con el arado y nunca se le alternaba una herramienta de laboreo vertical profunda como por ejemplo un cincel o subsolador.

Hoy en día el uso del arado ha disminuido notablemente, pero está surgiendo el mismo problema debido al uso de las máquinas de siembra directa. Esta tecnología es muy favorable para el suelo, ya que no provoca grandes disturbios en el mismo y permite una buena cobertura del suelo. Favoreciendo la conservación de la humedad y un aumento de la materia orgánica. Trayendo como consecuencia una mejora de su estructura y fertilidad.

La diferencia más evidente, si comparamos los pisos de arado del pasado con los actuales, es la profundidad en que se forman. Los de años atrás eran más profundos, ya que los arados de reja trabajan a más profundidad que una sembradora directa.

El piso de arado es tan compacto que no permite que las raíces de los cultivos los traspasen y por ende no pueden explorar el suelo que se encuentra por debajo de ellos. Además el agua de lluvia no filtra con facilidad hacia lo profundo del suelo, y si lo hace…, lo hace con mucha lentitud, causando un escurrimiento superficial del agua arrastrando todo lo que encuentre.

Un suelo que posee piso de arado es como una maceta, ya que la profundidad del mismo se ve disminuida. Si el piso de arado se encuentra a los 30 centímetros, es como sembrar en una maceta de esa profundidad. Se imaginaran la poca disponibilidad de agua y nutrientes que tienen las plantas, y la oportunidad que perdemos de usar muchísimos nutrientes disponibles si consideramos que hay cultivos que pueden explorar hasta los dos metros de profundidad. Otro problema que acarrea es la caída de los cultivos, sobre todo aquellos que crecen altos como el maíz, ya que la poca profundidad no permite un anclaje correcto.

Para evitar el piso de arado se debe hacer uso de la labranza vertical, este tipo de herramientas rompe la dureza que se forma, permitiendo que las raíces alcancen la humedad y los nutrientes ubicados en la profundidad del suelo. Además el agua de lluvia filtrará correctamente  cargando el perfil de humedad, la cual quedará disponible para los cultivos venideros.